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Mentir o no mentir, una cuestión de humanos?

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Beatriz Fagundo

¿Mentir o no mentir? ¿Es esa la cuestión?

 

Yo opino que no. La verdadera cuestión es por qué podemos mentir. Y la respuesta a esta pregunta, al menos en parte, nos la dieron hace unos años un grupo de científicos italianos, encabezados por Giacomo Rizzolatti. Y es que estos señores descubrieron las llamadas “neuronas espejo”, y a los neurocientíficos nos cambió la vida. Porque se trata de unas neuronas que se activan en los primates (monos y humanos) cuando detectamos emociones en los otros. Tanto si vemos expresiones de sufrimiento, aburrimiento o gestos de cariño, estas neuronas se ponen en marcha.

 

Así que los que nos dedicamos a estudiar el comportamiento humano y el funcionamiento del cerebro, tuvimos por primera vez una explicación neurobiológica de las interacciones humanas. Y entendimos por qué mimetizamos las emociones y por qué somos capaces de mostrar empatía. Pero entendimos algo más…

 

En uno de los experimentos, tanto en humanos como en monos, resultó que cuando tensaban los dedos índice y pulgar para coger un caramelo se activan unas determinadas neuronas espejo. Pero lo curioso vino después, cuando les hicieron hacer el mismo gesto sin coger un caramelo, sólo haciendo como que lo cogían ¿Y qué pasó? Pues que en los monos no se activaba ninguna neurona y en los humanos se activaban las mismas que en el caso anterior, cuando realmente tenían el caramelo entre los dedo. Curioso, verdad? ¿Y por qué pasaba esto?

 

Monos, humanos y mentiras

 

La explicación a este hecho es que los monos no saben mentir. Hacer un gesto de coger un objeto sin cogerlo no les sugiere absolutamente nada. Y su cerebro lo sabe y no activa ninguna de las neuronas espejo. Los monos no se engañan a si mismos ni a los otros fingiendo que cogen un trozo de comida que en realidad no cogen y mucho menos fingiendo que lo comen. Y los humanos si. Los humanos podemos y sabemos mentir y nuestro cerebro lo sabe.

 

Pero no nos engañemos, esto no es necesariamente malo. Esto sólo indica que en el curso de la evolución los humanos desarrollamos habilidades cognitivas más complejas que nos forzaron a desarrollar circuitos cerebrales y funciones cerebrales distintas a nuestros ancestros. En un momento de nuestra evolución aprendimos a idear situaciones que no existían, a inventarnos que teníamos en la mano un trozo de comida que no teníamos, o que veíamos algo que nunca estuvo allí. Y lo que es incluso mejor, conseguimos que los demás nos creyeran.

 

Había nacido la mentira gracias a las neuronas espejo. Había nacido la capacidad de imaginar y de hacer creer al otro que lo que imaginábamos o fingíamos era cierto. Había nacido lo abstracto vs lo real ¿Y cuando aprendimos a mentir? Pues como el resto de funciones cognitivas superiores y tan humanas, como el lenguaje, lo aprendimos cuando nos hizo mucha falta.

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