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Realidad y Cerebro: ¿existe el mundo que vemos?.

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Beatriz Fagundo

Realidad o realidades


¿La realidad, es eso que vemos? ¿Es el mundo tal y como lo percibimos? ¿Percibimos todos la misma realidad? Este es uno de esos temas apasionantes a los que la neurociencia ha intentado dar respuesta. Es una de esas áreas sorprendentes que los neurocientíficos conocemos y estudiamos y que me encantaría compartir con vosotros. Detrás de cada síndrome neurológico, de cada ilusión óptica, incluso de la magia, hay una respuesta científica. Y aquí van algunos datos sobre el tema.


Percepción real o ilusión óptica


Oímos voces y sonidos. Pero en realidad sólo son cambios en las vibraciones sonoras en frecuencias comprendidas entre los 16 y 18.000 Hz. Vemos colores y formas, pero nuestro cerebro solo percibe cambios en la reflexión de la luz. Así que los sonidos, las voces y los objetos que percibimos no son más que una construcción que hace el cerebro de esas señales. Por eso las ilusiones ópticas funcionan y son una maravillosa manera de engañar a nuestro cerebro. De hecho, identificamos los objetos porque tenemos una representación mental de ellos, que hemos construido con la experiencia. Y por eso, sorprendentemente, si una persona ciega pudiera ver de repente no podría identificar ningún objeto.


Realidad: ¿película o viñeta?


Pero no nos damos cuenta de que nos falta información del entorno porque, en cuanto el cerebro detecta algo que puede ser interesante para nosotros, los ojos se mueven hacia allí. Y esto ocurre mucho antes de que nos demos cuenta de que no podíamos verlo totalmente. Y aún más, mientras movemos los ojos podrían quedar espacios en blanco o difuminados, verdad? Pues no, porque ya se encarga el cerebro de corregirlos y de llenarlos. Y así consigue engañarnos y hacernos creer que vemos el mundo como una película que nunca, nunca, deja de pasar ante nuestros ojos.


Recuerdos y realidad


¿Y qué pasa con mis recuerdos? ¿Tampoco existen? Si, los recuerdos son aquella parte de la realidad, la nuestra, cierta o no, que nos ha parecido más relevante. Aquellos trocitos de nuestra vida que el cerebro considera que vale la pena archivar, muchas veces porque emocionalmente nos han “tocado” ¿Y los podemos cambiar? Sin duda. La memoria nos cambia y nosotros vamos, sin querer, modificando ligeramente los recuerdos. Por eso, porque la percepción de la realidad y la construcción de los recuerdos no es estática, los neurocientíficos cognitivos creemos que “nunca es tarde para tener una infancia feliz”.


¿Necesitamos conocer la realidad?


Y con todo esto, podríamos pensar ¿cómo puede ser que con tantos años de evolución no consiguiéramos mejorar este proceso? ¿Cómo es posible que hayamos sobrevivido como especie sin tener una percepción total de la realidad? Y la respuesta es muy sencilla: porque no nos ha hecho falta. No sé si la imagen que me da mi cerebro sobre la realidad es cierta. No sé si el mundo que estoy viendo ahora existe o no. Pero a mi me vale. Porque existe un mundo ahí fuera, pero no sé si tu mundo y el mío son iguales. Y no creo que pueda probártelo.

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