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¿Qué le pasa a tu cerebro cuando corres?

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Beatriz Fagundo

¿Qué pasa en tu cerebro cuando corres?

Después de casi dos meses de confinamiento por el COVID-19, desde hace unas semanas en España, por fin, salimos a hacer deporte. Para muchos este cambio ha supuesto una auténtica liberación. Pero, ¿qué pasa en el cerebro cuando corres?

 

 

Puede parecer obvio para los corredores habituales que, a medida que avanzan a lo largo de un largo recorrido, correr tiene un gran efecto en su estado de ánimo. Esta podría parecer una idea intuitiva. Sin embargo, un número creciente de neurocientíficos ha comenzado a tomarla en serio, y en los últimos años han demostrado lo que realmente ocurre en nuestros cerebros a medida que corremos. Sus hallazgos confirman lo que muchos corredores saben por su propia experiencia: que podemos usar el running como una herramienta para mejorar la forma en que pensamos y sentimos.

 

Correr ¿nos hace más listos?

No podríamos contestar afirmativamente esta pregunta, pero la mayoría de los estudios concluyen que entrenamientos moderados pueden generar beneficios reales y positivos. Un experimento de 2018 de la Universidad de West Michigan, por ejemplo, demostró que correr intensamente durante media hora mejora la capacidad y velocidad de procesamiento de la información en el cerebro.  

 

En la misma línea, otros estudios han demostrado que el entrenamiento en intervalos de 10 minutos mejora el “funcionamiento ejecutivo». Se trata de un conjunto de capacidades cognitivas superiores que incluyen la capacidad de focalizar la atención, desconectar de las distracciones, cambiar entre tareas y resolver problemas. Estos cambios se mantuvieron, nada menos, que siete semanas después del entrenamiento.

 

¿Cambia nuestro cerebro “por dentro” cuando corremos?

Parece que correr nos ayuda a mejorar la capacidad de atención, nos hace decidir más rápido y posiblemente mejor. Pero ¿de verdad está cambiando nuestro cerebro? Un estudio realizado en la Universidad de Arizona mediante resonancia magnética funcional (una técnica que nos permite estudiar la actividad cerebral) parece concluir que si. Según estos investigadores existen claras diferencias en la actividad cerebral en corredores habituales, en comparación con no corredores.  Por razones obvias, no pudieron medir la actividad cerebral con esta técnica mientras estaban corriendo, por lo que estos neurocientíficos estudiaron el cerebro en reposo.

 

¿Qué encontraron? En primer lugar, una mayor actividad en las regiones frontales (anteriores) del cerebro, que sabemos que son el substrato neural de las funciones ejecutivas que hemos visto antes. Esto explicaría por qué nos ayuda a concentrarnos, a focalizarnos y a disminuir la impulsividad, por ejemplo.  En segundo lugar, observaron una disminución en una red de circuitos cerebrales que los neurocientíficos llamamos “default network”.

 

Se trata de una serie de regiones cerebrales conectadas entre sí, que entran en acción sobre todo cuando estamos inactivos o distraídos (aunque no únicamente). Parece ser que esta red de circuitos cerebrales es la que ponemos en marcha cuando pensamos en el pasado, y es la que mantiene activo nuestro “monólogo interno”. Aunque no podemos decir que su activación sea necesariamente negativa, hoy sabemos que sus efectos no siempre son bienvenidos o útiles, ya que se ha asociado, por ejemplo, con la depresión. Este hallazgo explicaría, parcialmente, los cambios positivos que correr provoca en nuestro estado de ánimo.

 

Correr ¿la solución a los problemas psicológicos?

Entonces, si correr nos ayuda a centrarnos, a tomar decisiones y nos anima, ¿es la respuesta a todos nuestros problemas? Sería una locura pensar que correr es una solución universal para todos nuestros desafíos psicológicos. De hecho, desde la perspectiva de nuestro cerebro, es posible que ni siquiera sea conveniente presionar demasiado.

 

En este sentido, otro grupo de neurocientíficos escanearon los cerebros de algunos de los competidores antes, durante y después de la Trans Europe Foot Race. Se trata de una ultramaratón que cruza Europa, desde Italia hasta Noruega. En total son más de 4.400 kilómetros de distancia, en 64 días seguidos. Resulta que, durante esta maratón que algunos han catalogado de “absurdamente extrema”, el volumen de la sustancia gris de los corredores se había reducido un 6%. Puede parecer poco, pero deberíais saber que la reducción ‘normal’ asociada con la vejez es solo del 0.2% cada año. Afortunadamente, la historia no termina demasiado mal: ocho meses después, los cerebros de los corredores volvieron a la normalidad.

 

Conclusión

¿Qué podemos decir entonces de correr? Que, efectivamente, produce cambios en nuestro cerebro. Pero, como casi todas las cosas de la vida, para que estos cambios sean positivos debe practicarse con moderación. Correr nos hace sentir mejor, nos provoca sensación de placer, disminuye el estrés y nos ayuda a concentrarnos más y mejor. De hecho, sus efectos se han asociado a los producidos por el Mindfulness o atención plena. Pero cuidado con pasarnos, porque estaremos dañando, al menos temporalmente, nuestro cerebro.  

 

Así que ánimo a todos los runners y…¡a por todas! Ahora cada día cuando salgáis a corred recordad que no sólo estáis mejorando vuestro cuerpo, sino también protegiendo vuestro cerebro. Si lo complementáis con técnicas como el Neurofeedback o la Estimulación Cognitiva vuestro cerebro os lo agradecerá aún más. Por mi parte, y como siempre, os deseo una feliz semana y un Cerebro feliz.

6 respuestas

  1. Excelente artículo, justamente una de las razones por la cual me gusta salir a correr se debe a que en muchas ocaciones me ayuda a pensar con mas claridad, las decisiones aparecen allí, en ese preciso momento mientras estoy corriendo. Gracias por ofrecerme más información al respecto. Muy interesante.

  2. Es maravilloso encontrar profesionales con quienes encuentro información valiosa en medio de la sencillez. Mil gracias. El movimiento como base del aprendizaje es una de mis premisas.

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